23 de diciembre de 2011

"INFERNO, I, 32", Borges.

Cuento corto Borgeano, vale la pena leerlo y reflexionar, o al menos dedicarle un pensamiento o una sonrisa, a las cosas que preceden nuestra existencia y sobrepasan nuestro entendimiento. De lectura rápida y fin preciso. Olvidado y entrañable vicio el de transmitir cultura; me rebalsan las ganas de alimentar mi esperanza por esa pequeña minoría que sigue eligiendo un libro por sobre Tinelli, que sigue prefiriendo una amistad por sobre un bien, que sigue intentando entender que siempre la mejor caricia para el alma, es demostrar que uno es consciente de que las verdaderas cosas, tienen (un incalculable) valor, y no precio.


Desde el crepúsculo del día, hasta el crepúsculo de la noche, un leopardo, en los años finales del siglo XII, veía unas tablas de madera, unos barrotes verticales de hierro, hombres y mujeres cambiantes, un paredón y tal vez una canaleta de piedra con hojas secas. No sabía, no podías saber, que anhelaba amor y crueldad y el caliente placer de despedazar y el viento con olor a venado, pero algo en él se ahogaba y se rebelaba y Dios le habló en un sueño: "Vives y morirás en esta prisión, para que un hombre que yo se te mire un número determinado de veces y no te olvide y ponga tu figura y tu símbolo en un poema, que tiene su preciso lugar en la trama del universo. Padeces cautiverio, pero habrás dado una palabra al poema". Dios, en el sueño, iluminó la rudeza del animal y éste comprendió las razones y acepto ese destino, pero sólo hubo en él, cuando despertó, una oscura resignación, una valerosa ignorancia, porque la máquina del mundo es harto compleja para la simplicidad de una fiera.
Años después Dante se moría en Ravena, tan injustificado y tan solo como cualquier hombre. En un sueño, Dios le declaró el secreto propósito de su vida y de su labor; Dante, maravillado, supo al fin quién era y qué era y bendijo sus amarguras. La tradición refiere que, al despertar, sintió que había recibido y perdido una cosa infinita, algo que no podía recuperar, ni vislumbrar siquiera, porque la máquina del mundo es harto compleja para la simplicidad de los hombres.

Nueva experiencia

Producto de que terminé mis quehaceres anuales, de que orgullosamente estoy por coronar un año de hermosos cambios, pude terminar de una maldita vez el secundario, entre a la facultad y ya aprobé las materias que cursé, deje de trabajar y no tengo más que ocupar mi tiempo con las cosas que me den alegrías, voy a intentar plasmar algunas de mis necesidades en este espacio. Espero encarar esta nueva experiencia como uno trata de hacerlo con cada una de las cosas que le interesan o les suponen un reto, una meta o un objetivo: escapándome de la veleidad, la inconstancia y la ligereza. Una vez más, el tiempo nos dirá.. veremos que surge de esto.